Con el corazón y el alma desgarrados, Ramiro llegó a su casa luego de un fin de semana complicado. El viernes a la noche, durante su único entrenamiento de basquet de la semana, se esguinzó el tobillo izquierdo. Luego del dolor y recuperar la compostura, se encontró en una encrucijada : en unas horas debía asistir a una fiesta organizada por sus amigos, con los que se junta a jugar al fútbol todos los fines de semana, y el domingo tenía que jugar el primer partido por el torneo de basquet de interfacultades de la Universidad de Buenos Aires. Optó por la salida nocturna (ya que un par de tequilas le harían olvidar su problema en el tobillo) y resguardarse para el próximo encuentro.
El sábado a la mañana, luego de llegar de la fiesta de sus amigos a las 7:00, tenía que ir a clases en la facultad de 9:00 a 13:00, pero por el hinchazón de su pie y la falta de sueño, decidió dormir un rato para después ir a la casa de su papá Luis en las afueras de la cuidad de La Plata. Por la tarde y hasta que volvió a la cama, Ramiro estuvo de mal humor y no charlo con casi nadie, y lo más llamativo fue que desistió de ir a la casa del mejor amigo de su padre, Daniel "Cochicha" Donofrio, a comer lechón asado, una comida que le encanta. Prefirió mirar la película "El mismo amor la misma lluvia" para luego irse a descansar.
Se levantó a las 8:30, desayunó vainillas con leche descremada y practicó guitarra en el jardín, aprovechando la magífica mañana de sol que el domingo ofrecía. Luego del almuerzo, postergado hacia las 15:00 por costumbre familiar, discutió fuertemente con sus dos hermanas, Emilia de 15 años y Laura de 21. Como se encontraba muy suceptible porque estaba obligado a reposar por su pie inflamado, se levantó de la mesa, fue hasta su habitación, metió algunas de sus cosas dentro de una mochila y se fue de su casa, sin saludar a nadie, para tomar el ómnibus y regresar a Capital Federal, ya que a las 19:00 la familia, por parte de su mama Gabriela, se juntaba para celebrar el cumpleaños de su prima Agustina. Dejó la fiesta (antes que nadie) alrededor de las 21:30 y caminó hasta la parada del colectivo 152. Al caminar dos cuadras, un hombre mayor, lleno de canas, visibles a pesar de su boina negra, vestido con arapos y zapatillas puestas pero sin medias debajo, de unos 65 años, lo paró y le dijo: "Disculpe joven, tengo que hacerme una operación de urgencia la semana que viene en el hospital Rivadavia, y necesito 14 pesos con noventa centavos para pagar la intervención. Viste como la jubilación no me alcanza, dios quiera que a vos no te toque". Ramiro lo miró por dos segundos, sacó los únicos dos pesos que tenía encima, se los dió y le preguntó al anciano si podía hacer algo por él."No deja pibe, quedate tranquilo, que te vaya bien, gracias", le contestó y siguió con su camino. Ramiro, luego de sentir su tobillo despedazado en mil partes durante todo el viaje en "bondi" hasta su departamento, se tiró en su cama y pensó: "Menos mal que en una semana estoy 10 puntos". Al rato, se durmió.
domingo 24 de agosto de 2008
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1 comentarios:
El domingo a la noche Ramiro le dijo a una compañera a la facultad que las apariencias engañan. Ella no le creyó, penso que era simplemente un comentario para salir del paso y evadir un tema que quiza no le convenía tratar en ese momento. Sin embargo, se quedó pensando en eso y después de leer lo que a Ramiro le ocurrió el fin de semana pasado se dió cuenta que en aquella frase podía haber algo de verdad.
Quizá por desconfiada, porque lo que imaginamos no simpre es cierto, o porque como dijo Ramiro "las apariencias engañan" pero a la compañera del accidentado protagonista le sorprendió mucho encontrar y leer el blog.
Le pregunté, y piensa que la página esta muy buena, dice que va a seguir leyendo algunas entradas más. Espera que te mejores y te manda un beso.
(Cris)
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